El ascensor

desembre 6th, 2010 by Taeko
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ascensor

Tarareaba la canción sin darse cuenta. Era algo innato en ella cada vez que sonaba en sus auriculares, aunque seguramente si no fuera por ellos la canturrearía mientras estaría en la ducha o pasando el aspirador o…

Se detuvo. Estaba frente al último semáforo rojo de antes de entrar en el trabajo. Agarrando el máximo aire que su capacidad pulmonar le dejaba, aspiró y lo dejó ir lentamente.

Se quitó los auriculares y empezó a andar de nuevo.

“Sólo es jueves. Dios si de alguna manera existes, haz que pase rápido… y con rápido no me refiero a como pasó el día de ayer o de ante de ayer… ¿Recuerdas el botón rápido de pasar una canción rápido hasta llegar al estribillo? ¿O el de pasar las letras de una peli que ansías ver? ¿Si?… Pues seria todo un detalle que hoy lo presionaras… Aunque sólo sea un poquito ¿si?

Nunca había creído en la existencia de ningún ser todopoderoso o que pudiera chasquear los dedos para conseguir un bote de mayonesa para su sándwich… o dos; pero esta última semana había sido un infierno

¿Semana? Mejor dejémoslo en el último mes.”

Agarrándose a la esperanza de que el día pasara lo más rápidamente, entró en el bloque de oficinas, saludó rápidamente al conserje – hoy no tenía ganas de darle pié a hablar – y entró a paso enérgico hacia los ascensores.

Ya había alguien ahí, pero gracias a Dios (que esta vez parecía haber oído sus plegarias) éste no era de su trabajo… ¡Ni siquiera era alguien del bloque que la conociera!

Saludó con un seco ‘Hola’ que fue correspondido y esperó que las puertas metálicas se abrieran lentamente.

Al ser primera hora, nadie bajaba del ascensor, así que una vez abiertas las puertas entró sin ceder el paso. Esperó que el hombre entrara y presionó el botón de cerrar las puertas, justo en el instante que su prome-… su jefe entrara por la puerta principal.

“¿Llega tarde?” La voz del hombre la asustó, porque al ver a su jefe había olvidado que el mundo existía.

“Sí… digo: no… puede…”

“Entiendo”

Con incredulidad se volteó y le enfrentó

“¿En serio?”

El hombre trajeado asintió y sonrió, probablemente por la cara de ‘si ya, lo que tu digas’ que puso.

Se volteó para volver a quedar frente a la puerta y se percató que solamente había pulsado ella el piso al que ir.

“¿A qué piso va?”

Preguntó con la mano cerca del control para presionar cualquier piso que él dijera: “un toque de amabilidad después de la grosería hará que parezcas normal… ¿No?

“Al parecer, al mismo que tu”

“¿Trabajas en Nikston?” preguntó sorprendida de no haberle visto nunca.

“No”

“Ahms… ¿Eres cliente?”

“No”

“Si eres representante, tengo que advertirte: sin cita previa y a estas horas no van a querer hablar contigo”

“No, tampoco lo soy. Pero gracias por avisar”

Era extraño: si no era trabajador, ni cliente, ni proveedor ¿Por qué ir a Nikston?

Suspiró para no darle más vueltas. Él ya se las apañaría… fuera quien fuera.

Dos pisos antes de llegar a la no tan deseada decimocuarta planta, el ascensor paró de golpe con un fuerte estruendo.

Sin saber cómo sus pies, se habían despegado del suelo y la habían llevado un metro para delante… O eso habría hecho si no hubiera hecho sino hubiera estado delante de la puerta… Pero en realidad no supo que se había dado con la puerta hasta que cayó sentada, de rebote, en el suelo con la camisa blanca manchada de sangre.

Mierda.” Al girarse, vio al hombre trajeado de pié, sujetándose a la pared.

¿Cómo ha conseguido mantenerse en pie?” Era una pregunta estúpida, pero fue lo único que consiguió pensar que pareciese lógico… o con un mínimo de sentido.

“¿Estás bien?” Dijo él, recogiendo su maletín del otro lado del cubículo del ascensor.

“Sí, creo que… ¡Oh, genial, mi camisa blanca!”

El hombre se agachó a su lado y vio las manchas de sangre y luego sus ojos subieron para ver la frustración en los ojos de ella.

“Antes de por tu camisa, yo me preocuparía más por tu nariz…”

Su mano fue detenida cuando estaba a escasos dos centímetro de la nariz para poder comprobar lo que él le había dicho. Él detuvo la mano de ella mientras que ponía la otra en su diminuta nariz con un pañuelo que había sacado de su bolsillo. Era un pañuelo de tela, extraño en estos tiempos.

“Es limpio, no te preocupes.”

Ella intentó asentir, pero con la mano de él en su cara era difícil.

Presionó el puente de la nariz e hizo que echara la cabeza hacia atrás.

“Así haremos que pare la hemorragia”

Tomó la mano de ella y la puso encima del pañuelo.

“Sujeta. Voy a avisar de que estamos aquí.”

Ella se quedó sentada en el lugar donde había caído mirando como él se levantaba y pulsaba el botón de alarma y se quedó mirando cuando éste no sonó.

“Realmente, si Dios existe… apesta. Pero… El bote de mayonesa sigue en la nevera, así que… lo más probable es que mi teoría sea verídica: No existe un ser todopoderoso… Es más, creo que mi segunda teoría es mejor…”

Fue cuando él le pregunto “¿Por qué?” mientras se sentaba a un lado del ascensor, cuando se percató que no lo había pensando sino que lo había dicho en voz alta.

“Porque es más cierta.”

Él levantó una ceja, mientras ella buscaba a tientas la pared perpendicular a la de él.

“Déjalo. Este no es un buen día…. Ni siquiera es un buen mes…”

“Ni que lo digas…” Suspiró él. “Quiero decir, que no sé si es un mal mes, pero que al menos esto si que es un mal comienzo de día…”

Silencio.

Ninguno e los dos dijo nada hasta pasados un par de minutos.

“¿Has probado el móvil?”

Ella ni siquiera tenía. No desde principios de mes, cuando accidentalmente -o no tan accidentalmente – el aparato se estrelló contra la pared.

“Acabo de averiguar que está en mi coche…”

“Alguien debe odiarme… Y, aunque no crea en dioses, este sería un buen mes para darse cuanta de que realmente son una farsa…”

Silencio. El silencio volvió.

“Se darán cuenta de que no estamos donde deberíamos… o si más no de que el ascensor no funciona.”

Ella asintió.

“Esperemos de que sea antes de las diez…”

“¿Antes de las diez?”

“Sí, se supone que a esa hora tengo una reunión de altos cargos de Niktson”

“¿Tu eres un alto cargo?”

“No, en realidad ya no”

“¿Ya no?”

“Te dije que no era un buen mes… ¿No es cierto?”

“Oh… entiendo… lo lamento…”

Ella alzó los hombros como si no le importara.

“Cosas que pasan…”

Su tono resignado decía mucho más de lo que ella quería que dijera, pero no esperaba que él lo notara.

“Oye… entonces…si ya no eres un alto cargo…”

“¿Por qué tengo que ir?”

Él asintió, mientras ella se sacaba el pañuelo de la nariz. “Ya no gotea”

Suspiró y sin mirarle contestó.

“Mi jefe absorbió mi puesto, pero aun no domina nada para poder impresionar al nuevo accionista principal…. Y me toca hacer su trabajo… Otra vez…”

Esa última parte quiso susúrrala, pero no fue así.

“No te cae bien porque no, o….”

“Es mejor no entrar en detalles.”

“Entiendo”

Suspiró, de nuevo, cansada y apoyó la cabeza en la pared.

“Siempre había encontrado los ascensores lugares adecuados para liarte con alguien…” Esa frase captó su atención y enfocó la vista en él: ¿estaría intentando ligar con ella? ¿A la desesperada? “Y… no, ahora los encuentro incómodos y para nada sexies…”

No pudiendo evitarlo levantó la ceja al más puro estilo escéptico, lo cual provocó el enrojecimiento inmediato del hombre trajeado.

“Yo… ¿Nunca te lo habías planteado?”

“Ni siquiera he insinuado eso”

“Y entonces… ¿Por qué me miras así?”

No pudo evitar sonreír. No se había percatado de nada.

“Imagínate que soy yo quien dice: ‘Este lugar antes me atraía sexualmente, pero ahora, justo en este momento que estamos los dos solos, ya no me atrae tanto’” En ese momento se dio cuenta y empezó a tartamudear sin saber muy bien como empezar su frase de disculpa.

“Yo-yo…ni siquiera… yo…”

“Sé que no te has percatado” Dijo sonriendo ante su desesperación.

“De verdad que lo siento”

Realmente se veía mono en su sonrojo, pero ella estaba cansada. Cansada de hombres que la engañaran, de hombres que se aprovecharan, de hombres que quisieran impresionarla y a la vez vetarla… Realmente estaba asqueada de la humanidad… y había llegado un punto en el que ya daba igual si eran hombres o mujeres… porque ellas también eran gatas esperando al acecho, esperando que cayera para atacar y comerse al débil que una vez, en un pasado no tan lejano, había sido fuerte…

¿Había sido ella igual de cruel como lo eran sus compañeras de trabajo? ¿Cómo lo eran sus supuestas amigas de las altas esferas?

Silencio.

“El silencio vuelve a nosotros. No es un cómodo, pero tampoco diría yo que sea agradable, así que le doy vueltas a nuestra última conversación”

“¿En serio encontrabas sexy el ascensor?”

No, definitivamente no se esperaba que volviera a ese tema.

“Yo…”

“Sólo es curiosidad. Nunca me había planteado algo así.”

Meditó la respuesta, mientras se quitaba la americana y la dejaba a un lado, encima de su maletín de ejecutivo.

“¿Nunca has coincidido con algún vecino sexy que suba en el ascensor? ¿Alguien con quien solamente te has cruzado un par ‘Buenos Días’ pero que sólo ves lo bien que se ve?”

Asintió, pero debía reconocer que eso no era algo que le hubiera ocurrido a ella… se lo había oído comentar a Angie – su hermana pequeña – haría un par de meses de su vecino-bombón-culo-respingón del sexto como ella le había bautizado.

“¿Y nunca has imaginado cómo sabrá? ¿Qué se sentirá si te toca o te da un abrazo? ¿Cómo sería liaros?”

“Supongo que entonces el ascensor no es lo que es sexy, sino la persona que te encuentras…”

“Sí, pero muy probablemente si a esa persona te la encuentras en otro lugar… por ejemplo: en el parque, simplemente le darías un repaso y continuarías a lo tuyo sin más pensamientos lascivos.”

Pensó en sus palabras. Recordó a Angie y a su vecino.

“Realmente él no es su tipo, ni siquiera como rollo de una noche.”

“Quizás tengas razón…”

Volvieron a dejar que el silencio los inundara.

Apoyó, de nuevo, la cabeza en el frío acero inoxidable que cubría las paredes del cubículo.

“Siempre creí que quedarme encerrada en el ascensor me daría miedo… que me daría angustia, pero lo único que da es calor…”

“Y temas raros… extraños que hablar con desconocidos” Concluyó él, a lo que ella sonrió.

“Fuiste tu quien empezaste…”

“Sí, pero tu continuaste, ¿eh?”

Asintió y cerró los ojos.

Le dolía la nariz y la camisa seguía manchada. “¿Conseguiré sacar la mancha? ¿Antes de la reunión?”

Esperaba poder tener unos minutos para ella antes de que empezara la maldita reunión. Unos minutos para poder limpiar la camisa o mirar si la chaqueta que siempre tenía en la oficina podía cubrir la mancha; unos minutos para poder limpiarse la cara y comprobar los daños causados; unos minutos para recapacitar sobre si iba a entregar o no su carta de dimisión….

“¿Hace mucho que trabajas en Nikston?”

Se reincorporó y lo miró. “¿Puede oír mis pensamientos?”

“Quince años el mes próximo…”

“Eso es bastante… pero a esa frase le falta un pero, ¿verdad?”

“Quizás si que puede oírme…”

“Estoy planteándome el irme… Habrá un nuevo accionista, una nueva forma de hacer…. No sé, quizás sería un buen momento.”

“¿No estás bien?”

“Han pasado muchas cosas… Entre otras: mi jefe ha absorbido mi puesto…”

“¿Reestructuración de costes?”

“No, simplemente discutimos… muy probablemente en medio año deba volver a crear el puesto, pero yo ya no estaré allí y en el caso que este no será a mi a quien se lo de…”

“Ufff…… Pues debería ser una GRAN discusión”

“Ni que lo digas…”

Llegados a este punto ya se ventilaba con la palma de su mano y se echaba aire dentro de la camisa. Notaba que en breve empezaría a sudar. Miró el reloj: “¡¡¡OH dios!!!…¡¡¡Llevamos ya casi tres cuartos y ni siquiera hemos oído ruidos de rescate!!!”

“Voy a teorizar….”

Sus palabras la devolvieron a la realidad. Él estaba bastante tranquilo y eso consiguió que se tranquilizara.

“Esa discusión estaba fuera del ámbito laboral…”

Asintió.

“Era una discusión familiar… entre digamos…. ¿hermanos?”

“No”

“¿Primos?”

“No, pero…. ¿Qué te hace pensar que es una discusión familiar?”

Alzó los hombros y lo observó mientras respondía que había oído que Nikston era una empresa muy familiar, recalcando el Muy.

Estaba sentado con las piernas estiradas (al contrario que ella, que las mantenía dobladas y pegadas al pecho), sus brazos a los lados tenían las mangas de la camisa dobladas justo por debajo del codo y el cuello de la misma tenia dos… no, tres botones desabrochados.

“Es familiar porque dentro de la empresa se han creado varias parejas… pero cada vez que se han hecho oficiales, la dirección ha cambiado, a uno o a ambos, de departamento para no causar incidencias…”

“Entonces mi teoría será que: la discusión no era del ámbito laboral y que además fue con tu novio, que muy probablemente sea tu jefe y digo novio porque si fuera marido no podrías estar a su cargo.”

“¿Juegas mucho al Cluedo?”

Su risa la tomó desprevenida. Era armoniosa y sincera.

“No, sólo que ayer tuve la sesión de juegos de mesa con mis sobrinos.”

“¿Eres tío?”

“Sí, de dos preciosas niñas de ocho y diez años y de un futuro niño que debería nacer en un par de meses…”

“Entonces deduzco que sois… ¿Tres hermanos?”

Él asintió.

“Bree, la mayor y la madre de las enanas, Lilyan la que está embarazada y yo…. El pequeño… y que aun espera saber si ha ganado la partida”

Sonrió.

“Has ganado a medias”

“¿A medias? ¿Se puede ganar a medias?” Preguntó incrédulo.

“Él, mi jefe, no era mi novio. Era mi prometido”

“¡Eso es un tecnicismo! ¡Es trampa! ¡He ganado totalmente!”

Sonrió aun más cuando le oyó quejarse como un niño pequeño.

“Tecnicismo o no, no has ganado”

“¡Pero… pero lo único que marca la diferencia es un anillo!”

“Y los preparativos de la boda y la lista de invitados y el encargo del catering y el encargo el pastel y….”

“Está bien, está bien… He perdido…”

Resignado se pasó la mano por la frente, la cual ya estaba llena de sudor. Ella hizo lo mismo.

“Hace mucho calor”

En algún momento entre su última frase y el acabarse de secar la frente se percató.

“¿Dijiste que él era tu prometido? ¿Era?”

“Sí.”

“OH… Empiezo a comprender el porque dijiste que era un mal mes…”

“Ya…”

“Pero entonces…”

“No sé qué estarás pensando, pero no. No fue primero lo de mi trabajo y luego lo de la no boda… Primero fue él con una rubia y mi teléfono volando hasta una pared y luego lo de mi trabajo…”

“Ahms… Lo lamento. No quise….”

“No tanto como lo lamento yo. Si tuviera móvil podría llamar para que nos sacaran de aquí.” Suspiró.

“Yo podría haberme acordado de cojerlo del coche.”

“Sí… Por cierto, gracias”

“¿Por?”

“Por no compadecerte de mi, por no preguntar donde o como supe lo de la rubia….”

“No hay problema”

Se quedaron en silencio. Miró el reloj. “Las nueve. Una hora encerrados y nadie se ha percatado… Ayer tenía mala cara cuando me fui, pero ¿Teniendo una reunión cómo iba a faltar?… ¡Es más, el conserje me ha visto y el ascensor no funciona!… ¿Nadie se ha dado cuenta?

“Cada vez hace más calor….”

“Tu tienes suerte… puedes quitarte la camisa”

“Y tu también” Y en cuanto lo dijo se sonrojó, pero él fue bastante hábil: “A no ser que lleves un conjunto anticuado o desgastado del que te avergüences…”

“No, no me avergüenzo de ellos… ni de mis pechos, pero… Partiendo de la base que ni siquiera conozco tu nombre… se me hace extraño”

“Me llamo Riley… ¿Se te hace menos extraño?” Dijo tendiéndole la mano. “Encantado de conocerte….”

“Maggie” Terminó su frase estrechándole la mano. “Y no, es igualmente extraño”

“Sí, tienes razón. Pero con tu permiso voy a desabrocharme un par de botones más… Tengo la sensación de estar en una sauna… y para ser francos llevo pagando los servicios de mi gimnasio un par de años y nunca he entrado en esa sala porque odio el calor…”

“Pues hoy aprenderás a convivir con él.”

Ella también se desabrochó un par de botones antes de quitarse, de nuevo, el sudor de la frente.

“A las diez… Pues hasta las diez hay para rato.”

No pudo contestar.

El ruido de un CRACK, seguido de un SHIU que hizo que el ascensor bajara de golpe, hizo que pensaran que lo habían solucionado; pero… No. Todo lo contrario. El ascensor había bajado uno o dos pisos y, además, se acababa de  quedar sin luz.

“¡Sí! ¡Genial! ¡Y esto mejora!”

“Ni que lo digas…”

Supo que él se había levantado cuando oyó a alguien toquetear los botones.

“Empiezo a estar de acuerdo con todo lo que dijiste sobre los seres todopoderosos, pero sobretodo de todo lo que dijiste sobre Dios….”

“Acostumbro a decir bastantes tonterías sobre eso…”

“Pues hoy parece que son ciertas”

No supo cómo, pero lo tenía sentado a su lado…

Miró el reloj de muñeca que tenía vetas fluorescentes y que le dejaban intuir la hora: “Casi las nueve y media…”

“¿Cómo se llaman tus dos sobrinas?” Preguntó eso para sacar tema.

“La mayor: Ann, como su abuela paterna que falleció un par de meses antes de que ella naciera… La pequeña Laura” supo que estaba sonriendo al recordarlas. “Son un encanto, pero realmente tengo ganas de que Lily tenga ya a Jimmy…. Ya me he pedido enseñarle a jugar a baloncesto…”

Sonrió por la imagen que se le había formado de su familia.

“Si te gustan tanto los niños ¿cómo es que tu no tienes?”

“Me falta a alguien con quien tenerlos… Supongo que no he encontrado la mujer ideal para ser digna de tener a mis niños… la mama ideal… o mejor dicho: la mama, la tía y la mujer ideal para mi y mi familia”

“Veo que la familia es muy importante, ¿eh?”

“Mucho… Realmente sin ellos no habría llegado donde estoy”

“Supongo que ‘con llegar a donde estoy’, no es a estar encerrado aquí conmigo, en el ascensor/sauna… ¿no?”

Se rió y consiguió que ella también sonriera. Era un reír calido, otra vez, de esos que hacía tiempo que no oía de un hombre…

“No, supongo que lo de quedarme encerrado en un ascensor no era algo que entrara en mis planes…”

“En los míos tampoco, no te creas…”

“¿Qué me dices de tu familia? ¿Cómo son?”

“Angie es mi única familia. Ella y, su amigo con derecho a mucho roce, Alex”

“¿Amigo con derecho a mucho roce?”

“Sí. Tuvo un novio hace tiempo que la dejó hecha polvo, así que se niega a dejar que Alex sea su novio, así que me niego a llamarle ‘El amigo de mi hermana’… pero considerando que son amigos desde hace dos años y que ya viven juntos, prefiero llamarle: amigo con derecho a mucho roce… aunque ella no sabe que le llamo así…”

“Sí, a mi también me parece que tiene derecho a roce… Aunque prefiero no cuantificarlo… Eso te lo dejo a ti” Sonrió.

“¿Y qué me dices de tus padres?” Preguntó ella antes de que pudiera hacerlo él.

“Con ganas de verme casado o prometido o, como mínimo, con una novia que me dure más de seis meses….”

Cerró los ojos y se apoyé en la pared pensado en cuán distintos parecían ser: él tenía una familia súper-unida y ella sólo tenía a Angie y había tenido… habría tenido una familia si se hubiera casado, pero… ni siquiera hubiera sido como la que le hubiera gustado, porque no sería una familia unida que tuviera motivos para sonreír en navidad o en los cumples o que fuera agradable, porque Angie no se llevaba bien con su jefe… lo cual, ahora pasado el tiempo, lo veía normal.

“¿Cómo son los tuyos?”

“No son. Mi padre abandonó a mi madre al nacer Angie y cuando fui lo suficiente mayor me llevé a Angie de casa y la cuidé…. Hará mas o menos cuatro años me enteré que mi madre había fallecido por sobredosis…”

“Tu vida no ha sido fácil… ¿no?”

“No mucho… Supongo que ahora entenderás el porque no creo en dioses y tal…”

“Angie tuvo suerte”

“¿Por?”

“No todos se habrían llevado a su hermano menor para hacerse cargo de él…”

“Quizás, pero no todos los hermanos mayores se sabrían todos los sintomas de una sobredosis de maría, de coca, éxtasis o alcohol o mezclas de ellos por haberlos tenido que ver sufrir tantas veces…”

“Touché”

“Me gustaría poder tener, algún día, una familia como la que tu describes… pero… No sé elegir a los tíos….”

“Como diría Lily: no intentes correr… Todo llegará a su debido tiempo…”

Estaba cansada. Cansada de esperar y esperar… Cansada de estar ahí dentro, de soportar las tonterías de su jefe… de todo…. Quería irse, presentar la dimisión e irse… Acababa de decidirlo….

Apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos.

Inspiró. Olió su aroma. Se había puesto algún tipo de desodorante, pero ese olor le gustaba. Sabía que no debía apoyarse en él, porque hacía mucho calor y ambos estaban transpirados pero no lo pudo evitar. De algún modo extraño se sentía atraída por él.

“¿Qué perfume usas?”

Desde su hombro su voz se oía distinta. Con eco.

“Ralph Laurent…”

“Mi ex también llevaba de eso… pero no olía igual de bien.”

“¡Me sonrojé! ¡Me acabo de sonrojar por eso! ¡Maggie, no eres una cría de 16 años, por el amor de… de… ¿Dios?!”

“¿La azul?”

“¿Cómo que la azul?”

“Pregunto si ella usaba el perfume de la botella azul o la rosada”

“¿Hay dos tipos?” Consiguió hacerle levantar la cabeza y mirar donde se suponía que debían estar sus ojos. Asintió a su pregunta sin querer perder el supuesto contacto con sus ojos, y si hubiera podido verle se habría percatado de la palidez que acababa de tomar su rostro.  ”Ooops…. Acabo de entender qué quiso decirme cuando me dejó.”

Primero no supo qué decir, pero luego le dio por reír.

“Oye, no te rías… ¡no sabes las vueltas que le di! Se lo conté a mis hermanas y ellas tampoco le vieron mucho sentido…”

“Es que… ¿No te habías dado cuenta, ni siquiera en la tienda, de que hay dos tipos?” Él negó, aunque ella no podía verle. Le sonrió en la oscuridad y volvió a apoyar la cabeza en su hombro. “Yo uso la del bote azul, por si algún día me la quieres regalar.”

“Es la que mejor huele… es la que intenté regalarle a Sarah… Así que supongo que me gustaría más.”

Volvió a cerrar los ojos y dejar que su olor la absorbiera y la relajara. El calor era tan abrasador que ya habían desistido de secarse las gotas de sudor. Seguía apoyada en él para recordarse que no estaba sola en la oscuridad y él la dejaba estarse ahí. Su olor era de jabón, de jabón de manzanilla y le gustaba… porque aun estar transpirados ese olor envolvía su cabeza y la relajaba. Le gustaba.

“Creo que es definitivo….” Supo que lo había sacado de sus pensamientos porque su respiración cambió.

“¿El qué?” Levantó la cabeza para poderle mirar, aunque a duras penas veía en la oscuridad, tal como había pasado en la conversación de antes… Intuía lo que veía más que verlo.

“Voy a presentar la dimisión” Lo sorprendió, pero no conseguía verle bien, así que podía ser que sólo estuviera serio o sonriendo o… algo.

“¿Por qué?” “Bueno, quizás sí que esté sorprendido al fin y al cabo

“Yo… Creo que… que definitivamente no quiero volver a subir en este ascensor”. Se rió y eso la hizo sonreír. Cada vez le gustaba más este sonido.

“Te recuerdo que hay tres más.”

“Lo sé, lo sé… pero están instalados por la misma empresa…”

“¿Y quién te asegura que en tu próximo trabajo no haya un ascensor instalado por el mismo instalador?”

“¡Ouch!… no había pensado en ello… pero seguro que no queda tan mal que en el currículum añada un post data de: ‘Abstenerse empresas con ascensores instalador por…’ por… ¿Quién ha instalado esto?”

“Si hubiera más luz te lo diría, princesa…”

¿Princesa? Empieza a hacer demasiado calor… porque… porque… me gusta como suena… pero… ¿por qué me preocupa más el cómo suena que el hecho de que me haya llamado: princesa?

“En todo caso, no creo que sea por los ascensores que te hayas decantado” Suspiró para sacarse del todo la tontería que me acababa de venirle a la cabeza y se puso seria.

“No quiero volver ahí y oír los cotilleos… Tener que fingir que estoy bien cuando no lo estoy. No quiero ir cada día a trabajar en algo que ya no me motiva como antes porque ya no me ilusiona lo que hago, ni para quién lo hago. Ni tampoco quiero ver como cambia todo con el nuevo accionista, porque no estoy ni siquiera a la expectativa de qué hará o qué dejará de hacer… Ya no me importa si el plan es bueno o malo, ya no me interesa discutirlo, ni si es 100 ó 101… Pero sobretodo, y lo que más me pesa, es que no puedo aguantar cómo mi jefe es mi jefe y va tras de mi por haberme enfadado y haberle echado en cara el tema de la rubia… No puedo verle sin verla a ella….Y enfrentarme a él por temas de trabajo que siempre acababan degenerando a que él me critique algo de cuando estábamos juntos … y… y… ya no puedo más… Podría pero… No quiero poder más…” Probablemente fue cuando habló de su jefe que había empezado a llorar, pero no fue hasta que él la atrajo hacia sí que no me percató de ello y de que ya no tenía palabras que decir.

Era extraño que por fin hubiera podido llorar, porque no lo había hecho desde esa primera noche, pero lo hizo sola sin nadie que le tendiese un pañuelo o le fregara la espalada o le diera palabras de animo o…

Le mancharás las camisa… Deja de llorar Maggie…

“Shh… Llora lo que tengas que llorar, princesa, a veces es lo mejor que se puede hacer…” Él le fregó la espalda y ella dejó que él se apoyara en su cabeza. Se aferró a él como si fuera la última esperanza de volver a estar cuerda… de volver a ser ella misma y él la dejó hacer mientras inhalaba su perfume y recordaba lo bien que se estaba al tener a alguien en brazos, aunque fuera ella desahogando sus penas, pero era alguien al fin y la cabo.

Sexy no, pero parece que el ascensor tiene momentos románticos” Lo pensó, justo en el momento que él le daba un beso en el pelo y ella se ponía roja como un tomate.

Cuando consiguió parar de llorar, no se apartó de él. Ella estaba más que segura de que él sabía que ya no lloraba, pero la dejaba estar ahí.

“Sabes… quizás momentos sexys no tenga, pero emotivos sí…” Consiguió el valor de hacer esa broma, para destensar el ambiente. Él sonrió, aunque no la soltó.

“Quizás sea un buen sitió para un diván de psicología…” Ella sonrió y no dijo nada hasta unos segundos más tarde que susurró un “Gracias” que fue respondido con un apretón, que la reconfortó aun más.

“Tengo la sensación de que ya no quiero que me saquen de aquí…. O no con tanta prisa.” Esa frase la dejó helada.

“¿Qu-qué quieres decir con eso?”

“Dejando a parte el calor… tu golpe en la nariz y todo eso de llegar tarde… Acabo de conocer a una mujer magnifica, que me deja abrazarla sin ser, ni siquiera, la primera cita” Ella se rió y se separó un poco, lo justo para intentar enfocar su vista en su cara.

“No te vayas a creer que siempre soy así de fácil…” Él se rió. “Pero si que es cierto, que si tuviera móvil, te daría el numero… Eres un buen psicólogo…” Sonrieron a la vez, pero justo antes de que él pudiera contestar algo el ascensor recuperó la luz y un CRICK-CRACK se empezó a mover.

“Dios… ¿nos han rescatado?” Dijo ella mirándola incrédula.

“Eso parece…”

Se levantaron justo a tiempo para notar como el ascensor se paraba en la decimocuarta planta y dejaba que las puertas se abrieran para mostrar a casi toda la plantilla de Niktson allí junto con un par de bomberos.

“hola chicos… ¿Cómo estáis?” El bombero que estaba más cerca tomó la mano de Maggie y la sacó de dentro para llevarla al medico que esperaba en una de las salas de Niktson.

“¡Señor Riley!” La voz de su jefe la hizo voltear para ver como él se apresuraba a asegurarse de que Riley estaba bien.

“¿Eres… eres el… el nuevo accionista?” Riley la miró y asintió.

“Me gustaría que cuando, te haya mirado el medico, te apuntaras mi móvil… Y me llames para hacer unos Cluedo’s…” Le guiñó el ojo y se fue seguido de su jefe, quien la miró mal. Ella no entendía muy bien qué acababa de pasar y fue el bombero quien la instó a caminar.

4 Responses

  1. Cris

    Aaaaaahhhhh!!! Lo sabía, lo sabía!!! Riley es el nuevo accionista!!! Por cierto, me encanta la pareja que hacen ellos dos.Si algún día te animas a continuarla (cosa que me encantaría) aqui tiene una lectora. Muchos besos

  2. Xavi

    M’ha encantat el moment:

    “‘Tu tienes suerte… puedes quitarte la camisa’
    ‘Y tu también’”.

    Jo estava pensant el mateix xD

    Bonica manera de conèixer una noia… tan de bo em passi a mi també algun dia :)

  3. Marta

    ¡Tengo calor! ¡Te juro que mientras leía tenía calor! En serio, pobrecillos… Quedarse encerrado en un ascensor debe ser horrible, aunque si la cosa acaba así… =D
    Me ha encantado el detalle de la colonia, típico de hombres *sigh*

  4. Alex

    M’hauré de buscar una feina amb ascensor! Jaja molt bona la historia.
    =)

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