07. Teoria del Cisne Negro

gener 7th, 2012 by Taeko
This entry is part 07 of 13 in the series La teoria del Cisne Negro

07.

 

- Día: Martes, 28 de noviembre de 1978, Lugar: enfermería, Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, de ahora en adelante Hogwarts – Dos aurores, un hombre y una mujer, altos, serios, con cara de pocos amigos y en actitud poco afable se habían presentado a primera hora de la mañana en el Castillo. Habían pasado primero por el despacho del Director y luego habían bajado hasta la enfermería, y ahora, gracias a un hechizo, todo lo que decían quedaba transcrito en un pergamino que una pluma escribía sola. – Presentes en el lugar: Albus Dumbledore, Director de Hogwarts; Subdirectora y jefa de la casa Gryffindor Minerva McGonagall; Alfred Potter, abuelo y representante legal de la investigada y dada a la fuga dos semanas atrás: Penélope Emma Way, de ahora en adelante: Penélope. Aurores encargados del interrogatorio: Petter Cigna y Giules Fiore. – Petter era quien había hecho las presentaciones, si es que a eso podía llamársele presentación.

Habían llegado hacía poco más de dos minutos y aunque Sirius le había avisado ayer por la noche de la llegada del interrogatorio seguía sin estar preparada y sin querer responder a nada, pero estaba debía responder si quería dejar de ser la principal sospechosa de la muerte de su familia.

Alfred, al verla, se acercó y contra todo pronóstico le dio un beso en la frente tal como solía hacer: Joanne habrá hablado con él… Eso sólo puede ser cosa de Joanne. Sonrió al pensar en ella, aunque los presentes creyeron que era por el beso de su abuelo.

- Penélope necesitamos jure prestar cumplimiento de sus deberes para con la ciudadanía de Magos, Brujos y Seres Mágicos, así como que nos diga la verdad sin malicia, calumnia o engaño, de forma que esta declaración pueda ser tomada por verdadera delante de un jurado de brujos de la comunidad. ¿Jura usted?

- Juro.

- Queremos puntualizar que su representante legal, por ser usted menor de edad, no nos permite el uso de Veritaserum, así que necesitamos que al final del interrogatorio firme usted la declaración jurada como testigo y su representante Alfred Potter como tal.

- Entiendo… – Penny estaba sentada en la cama de la enfermería con las piernas cruzadas y las manos encima de sus tobillos. Esa mañana, temprano, Lilly había bajado a ver como se encontraba y le había llevado unos tejanos y una camiseta a cuadros que había encontrado en su baúl. Le había parecido que era más adecuado ir vestida de calle que con el pijama si tenía que tener visitas, tal y como ella misma le había contado antes de que le llevara la ropa.

- ¿Señorita Penélope, recuerda qué paso el día que su padre y su mujer fueron hallados…  – Por alguna razón que no podía entender, Giules no dijo la palabra “muertos” o “fallecidos”, simplemente carraspeó y continuó la pregunta. – en el Salón?

Los ojos de Penny miraron por un momento a los de su abuelo, pero sólo fueron tres segundos en los que Alfred creyó que todo iba a ir bien.

- Es fácil hacer esa pregunta… – Esas cinco palabras fueron suficiente para Alfred: su nieta seguiría como sospechosa si no cambiaba su tono y/o postura delante de los Aurores.

- Penélope… – McGonagall intervino. – Es difícil, todos los aquí presentes lo sabemos, pero tú solo debes intentar responder… lo que recuerdes, simplemente, y estará bien. Todos estamos aquí para ayudar. – Los ojos azulados de la menor volvieron a recorrer las cuatro caras de los adultos antes de cambiar de actitud, y  suspiró.

- No me gusta recordarlo, ¿saben? – Era una pregunta a nadie en concreto y por eso antes de que nadie pudiera decir lo obvio: que era normal que no le gustara recordar eso, continuó. – -había discutido con mi padre y estaba en mi habitación encerrada. – Su voz se tornó lejana, tal como si estuviera recitando un cuento mientras lo veía pasar por delante de sus ojos dentro de una espesa neblina.

 

Se transcribe la explicación de la Srta. Penélope Emma Way sobre los hechos ya mencionados anteriormente y que jura ser verídica:

El cucú que los padres de Nancy les habían regalado por su boda repiqueteaba las siete de la tarde, como si todo Pequeño Hangleton debiera enterarse por él y sólo por él de en qué hora vivían. Por inercia miró hacía la ventana para ver si alguien salía enfadado por el ruido (porque no había otra manera de cualificarlo) de ese reloj muggle, pero no: nadie salía y eso se debiera a que su padre habría puesto un hechizo al cachivache.

Habían vuelto a discutir por su novio, por lo mayor que era y porque según él no le convenía y ella le había contraatacado diciéndole que su mujer también era mucho menor que él y que eso no había supuesto ningún problema para engendrar a Dianne, pero el punto culminante de la discusión llego cuando el: “Porque soy tu padre” había precedido a “Vas a dejar de verle”. Después de eso en la casa se había oído un portazo: el de ella encerrándose en su habitación el altillo.

Puso el tocadiscos – era uno de los pocos artilugios muggles que le parecía útil – y con un toque de barita puso a sonar a Van Morrisson con su famosa canción Brown Eyed Girl. Tomó un vaso de agua que tenía en la mesita de noche y en algún momento debió de quedarse dormida.

“¡¡CRASH!!” Se despertó desorientada: estaba en su cama, pero… ¿era ya de noche? Oyó un el grito de Nancy le hizo levantarse de golpe de la cama, oyó otro estruendo cuando ya estaba en las escaleras y oyó el grito de su padre. Al llegar al recibidor vio la luz amarillenta venir del salón.

Sacó la varita y apuntando a lo desconocido entró en el salón. Vio una sombra que no le era familiar apuntar hacia el lugar donde procedían las voces de sus padres y gritó lo primero que le vino a la cabeza:

- ¡¡Expeliarmus!! – La varita de ese hombre salió despegada de su mano y eso provocó que la mirara enfadado, pero ella sólo tenía ojos para su padre que estaba abrazando a Nancy y que al verla le chilló que se fuera.

- ¡Vete, Penny, vete! – la voz de su padre estaba entrecortada por los gritos y sollozos de él y Nancy, pero  ella no podía moverse. Sus ojos volaron hacía la barriga de Nancy justo cuando un rayo rojizo impactaba en ella. El grito procedió de Nancy, de su boca o quizás de la de su padre, aunque probablemente podría jurar que fueron los tres. – ¡¡Nancy!! – Su padre intentaba hacer que su mujer reaccionara o que simplemente su barriga dejara de sangrar. La miró con miedo y sólo pudo susurrar un “Por qué” casi insonoro cuando desde su varita (que en algún momento el desconocido le había arrebatado de las manos, sin darse cuenta) apareció el temido rayo verde que impactó justo en su corazón.

Podría jurar, sin equivocarse, que de algún modo la discusión de esa tarde había sido perdonada antes del ataque, porque conocía muy bien a su padre y casi no podía estar peleado con ella. Seguramente Nancy le habría hecho reflexionar sobre algo que ni ella misma sabría y cuando bajara para cenar habría una forma de disculpa especial: un beso, un bombón… ¡Algo! ¿Pero, y ahora? Le habría perdonado… ¿verdad?

No pudo seguir pensando en ello, algo impacto en su brazo y la hizo caer contra la vitrina de recuerdos que había en un rincón. Se quedó tendida en el suelo y con las imágenes de sus padres en la cabeza, dejó de respirar por unos instantes. Seguramente eso la había salvado.

Oyó como conjuraban una marca oscura y desaparecían los atacantes dejándola a solas con los cuerpos de los fallecidos.

 

 

Ocultos bajo una capa de invisibilidad, Sirius y James, se habían escondido bajo la cama de Penny. Querían escuchar porqué estaban ahí los Aurores, querían saber qué había hecho aparecer a Penny en la escuela, pero eso no implicaba que quisieran haber escuchado como alguien había matado a su padre y a su mujer.

James podía notarse blanco, mareado y debilucho y tenía que agradecerle a Sirius que le hubiera tapado la boca cuando había oído la descripción de cómo habían quedado los cuerpos de sus tíos. El detonante no era que su prima hubiera hablado de sangre, de agujeros en sitios que no debían estar, vísceras y ojos abiertos sin vida… lo peor había sido oír a su prima explicarlo… primero había sido fría, muy fría narrando la historia, pero cuando describía el estado de los cuerpos después de levantarse de su propio golpe se había quebrado y había provocado que tanto él como Alfred le suplicaran que dejara de hablar, aunque él no se lo había podido pedir en persona lo había ido susurrando.

Sirius intentaba parecer fuerte ante su amigo, pero por dentro sólo sentía una mezcla de rabia, impotencia y pena por ella, por Penny, por Penélope.

Ahora estaban en la sala común junto con Petter, Remus y una más que sería (y preocupada) Lily. Acababa de explicarles lo que habían oído en la enfermería, porque su amigo aún estaba en estado de shock. Los tres se miraban seriamente mientras que Lily como acto reflejo tomaba la mano de James para reconfortarle de alguna forma, cuando la puerta se abrió. No podían ser alumnos puesto que estaban en horario de clases y los de su curso estaban casi todos en la biblioteca por el examen teórico de herbología de la mañana siguiente; así que por instinto se voltearon a ver quién era.

- ¿Quién ha muerto? – El pelo castaño de Penny se movió cuando el cuadro de la Dama Gorda se cerró tras de sí.

James reaccionó de golpe y se levantó quedándose de pie en medio de la sala mirando a su prima sin saber qué decir. Sabía que no podía decirle nada sobre lo que acababa de oír pero….¡¡Quería decir tantas y tantas cosas!!

- ¿Cómo estás? – Lily fue la primera en romper el hielo.- Quiero decir, que como estas después de la explosión de ayer.

- Bien.- La chica se acercó al grupo y se sentó al lado de Sirius. Su primo la imitó.

Un mississippi.

Dos mississipi.

Tres mississipi.

Cuatro…

- ¿Cómo ha ido la entrevista con los Aurores? – Sirius fue el que rompió el silencio y, aunque no sabía si esa era la pregunta adecuada, se imaginaba que Penny ya sabía que el resto del grupo sabía sobre lo de los Aurores.

Penélope miró a Sirius algo sorprendida por la pregunta, pero no por el hecho de que la hiciera, sino por el hecho que no había sido James quien la había formulado. Hizo una mueca de cansancio y miró hacia su primo.

- ¿De verdad aun lo preguntáis? – La miraron intrigados.- Era imposible no oíros jadear cuando he llegado a la parte del final… Al menos por mi parte, creo que ni los Aurores, ni Alfred, ni McGonagall os han oído, de Albus tengo mis dudas. – Sólo un mississipi de silencio y se vio forzada a romperlo.- James, estoy bien. – Puso su mano en su hombro y consiguió que la mirara. – Ahora lo estoy. – Alivió. La cara de James mostraba alivio.

 

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5 Responses

  1. Nailah

    Vaya regalazo de Reyes!! Que sepas que te hemos echado mucho de menos. Me ha parecido una idea buenísima que nos cuentes la historia de la muerte de los padres de Penny tal y como lo redactan los aurores. Muchos besos

  2. Taeko

    Gracias Cris, por leer aun… por no abandonarme y por decir que la idea te gusta :D a Ver qué tal sigue la cosa :P (la cosa = la inspiración)
    Bss

  3. Júlia

    Bieeeeeeeeeeeeeeeeeen, nova entrega… Però jo… Ara vull més! >.<

  4. Nailah

    Ay!! Esa caprichosa que es la inspiración XD

    Tu aprovecha ahora que la tienes: x

  5. Taeko

    Tranqui, tranqui… sense presses si us plau (com la Voll-damm ;) )

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