¿Y si esto no fuera la Barcelona del 26?

febrer 26th, 2014 by Taeko
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  • ¿Y si esto no fuera la Barcelona del 26?

Una de las primeras historias que escribí en catalán y que traducí para una amiga que me ayudó con algunos retoques. Es una historia que presenté en su día a un concurso de TMB (Transport Metropolità de Barcelona) para Sant Jordi.

Espero que os guste.

¿Y SI ESTO NO FUERA LA BARCELONA DEL 26?

 

<< “Pero hombre de Dios, intente hacer un esfuerzo… ¿Dónde iba? ¿Dónde estaba? Si recuerda eso sabremos si era el TRAM Baix o el TRAM Besos”. El hombre uniformado que quería hacerme creer que era un Urbano, intentaba ponerme a prueba ¡Estoy seguro! “¡Pepe, déjalo! ¿No ves que se le ha diagnosticado amnesia? No sabrá con que Tram ha tenido el accidente”. La enfermera había remarcado la  palabra accidente, haciendo con los dedos unas comillas en el aire. Se pensaba que yo no la veía, pero la había visto. Me tomaba por loco, como el resto de la burguesía.

Recordaba la última conversación mantenida en el hospital, mientras miraba por la ventana, sin fijarme en nada, del Tram número 50, sin vías ni cableado, que según un hombre disfrazado y lleno de pendientes lo había llamado: “¡Bus, tío! Es un bus, tío.”

Alguien anunciaba que la siguiente parada era Gran Vía – Paseo de Gracia y, aunque nadie parecía sorprendido, yo sí que lo estaba. Entonces sí que mire por la ventana y… ¡Eso no era la Gran Vía que yo recordaba! Ni siquiera el Paseo de Gracia que yo conocía. Bajé aturdido y sin pensármelo dos veces. Llegué a la Pedrera entre idiomas distintos, vestidos extravagantes y gente extraña.

La casa de los Milà.

Necesitaba hablando con él. Con el señor Milà y que me hiciera cinco céntimos de qué diablos estaba pasando.

“¡Disculpe! ¡Disculpe!” Una señorita, joven (¡con pantalones!) me paró. “¿Se puede saber dónde va?”. Me la miré y la volví a mirar. Hacía tiempo (o bien, quizás no tanto, ya que en el Hospital me había pasado lo mismo) que nadie no me reconocía. “Voy a ver al señor Milà”. “Esto… ¿A qué Milà?”. “Al padre”. “Si ya… Pues… quizás que se compre una entrada y así podrá ver una retrospectiva fotográfica”. “¿La entrada?”. “Sí, a la taquilla”. La señorita de pantalones me dio las indicaciones para poder comprar una entrada para entrar en la casa de los Milà.

Fue en aquel momento que  pensé que el mundo se había parado y que lo habían llenado con todo de locos de los Centros de Salud Mental.

A pié y procurando no ser embestido por las andróminas de cuatro ruedas, me encaminé hasta mi pequeño estudio que había dejado en la Sagrada Familia.

Se suponía que mi Gran Obra no estaba tan avanzada, ni que dos grandiosas casi monstruosas, grúas podían existir. Y que, mucho menos, todo tipo de gente (de colores y edades diferentes, con vestidos bien extraños….) estarían rodeándola como me había encontrado en la casa de los Milà, haciendo cola para llegar a las taquillas. También se suponía que no habría ningún desnuco, ni ninguna figura cuadrada, ni si quiera tendría que haber… “Excuse me… are you on the line ?” >>

Mientras conducía, me decía… << Eso, señor Antoni, es inglés…>>. Ara estoy el “Bus, tío” hablando con el conductor.

<< Es tarde, pero no sé dónde ir. No sé qué hacer… Esto no es la Barcelona que yo conozco. Soy un gran arquitecto que será reconocido al futuro, pero… míreme… Ahora no sé dónde estoy>>

<<¿Y si eso no fuese la Barcelona que usted conoce? ¿Y si no fuera la Barcelona del 26, Antoni ?>>.

 

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