Chocolate Blanco

agost 27th, 2008 by Taeko
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  • Chocolate Blanco

Reflejada entre el bao que se había quedado pegado al espejo cada vez me veía más y más gorda. No era porque esas semanas hubiera estado comiendo más, ni porque mis antojos me llevaran a despertarme a altas horas de la madrugada a comer chocolate blanco (sólo blanco), ni siquiera era por haber dejado de ir al gimnasio al que iba tres días por semana como un reloj… Era porque algo estaba cambiando… ¿Pero el qué?
Pasé la toalla por el espejo para verme mejor en él y me puse de lado: mi barriga seguía allí. No había adelgazado ni un gramo aun estar más horas de las que acostumbraba en las máquinas del gimnasio. Puse una mano en mi cintura y la mesure a ojimetro: era claramente más ancha que antes. Paseé la mano hasta mi ombligo… Definitivamente no sabía que estaba ocurriendo.
~ ¿Emily, sigues viva? ~ Desde el otro lado de la puerta los nudillos de Frank me despertaban de mi reflejo. Me tapé de nuevo con la toalla y estúpidamente asentí, sin que el pudiera verme. ~ ¿Emily?
~ Sí, si lo estoy. Ahora salgo.
~ Está bien. ~ Me recogí el pelo con una pinza y me acabé de secar. Me puse la ropa que había llevado para después de la ducha: un largo vestido negro que no se ceñía por ningún lado: no iba a enseñar mi figura hasta volver a mi talla original de pantalones.
~ Vaya, pero si no te has encogido… ¡Increíble! ~ Sin verlo venir me topé cara a cara con Gerard.
~ Muy gracioso, Gee. ~ Toalla en mano me dirigía hacia el cuarto de la lavadora, pero alguien me tomó el brazo y me volteó.
~ ¿Desde cuando llevas tu estos harapos para vestir? ~ Gerard era quien me tenía cogida por el brazo.
~ Desde que me apetece. ~ Sentencié, pero no pareció ser una respuesta que satisficiera a su pregunta, así que nos quedamos en medio del pasillo en silencio.
~ Sinceramente sólo recuerdo una vez en que fuiste así vestida y…
~ No es lo que te crees. ~ Dije lo más rápidamente que puede mirando a mi alrededor para saber si alguien mas estaba ahí. No había nadie, pero al volver a mirar a Gerard comprendí que el necesitaba una larga explicación. Le tomé de la mano y lo llevé conmigo hasta mi habitación.
Me encargué de cerrar la puerta y me senté en la cama doble, tirando a un lado la ropa sucia y la toalla mojada. Gerard se quedó de pie delante de mí.
~ ¿Emily, qué esta pasando? ~ Sin poderlo evitar me mordí el labio inferior.
~ No lo sé. ~ Alzó una ceja. ~ Me he engordado y…
~ Lo dudo, no paras de moverte, de ir al gimnasio, de…
~ Pero lo he hecho, Gerard.
~ Emily no empieces.
~ Gerard no he dejado de comer, tu y todos me veis en las horas de las comidas y como.
~ Lo sé, pero… Sabes lo que esto me preocupa. Sabes lo que significa que te vuelvas a vestir de esta manera, que vuelvas a hablar así de ti, de cómo de gorda estás o no estás…
~ Gerard…
~ Ya pasamos por ello una vez y no quiero que volvamos a estar de esa manera. Mama y papa te dejaron venir aquí sin estar muy convencidos de ello, Mikey y yo les dijimos que te íbamos a cuidar y… a evitar que las presiones se te pudieran metieran de nuevo en la cabeza…
~ Lo sé, lo sé… pero te aseguro que estoy comiendo: que como lo de siempre e incluso pico entre horas y…
~ No sé si te acuerdas de lo que dijo el medico en las últimas vistas…
~ Que me debíais vigilar porque mucha gente pasa de la anorexia a la bulimia, ~ Repetí con voz cansada ~… pero Gee siempre me ha dado mucho asco vomitar. No voy a ser bulímica.
~ Eso espero… ~ Me abracé a mi hermano mayor y él a mi. Metió la cabeza entre mi cuello y mi hombro y aspiró mi olor. Sonreí.
~ No quiero volver a caer en eso, Gee. No quiero veros tristes, ni preocupados. ~ Me abrazó más fuerte.
~ Sabes que es tu hermana, ¿verdad? ~ La puerta se había abierto sin que ninguno de los dos nos diéramos cuenta. Nos despegamos al ver a Frank andando hacia el armario.
~ Lo sé. ~ Dijo Gee sin acabarme de soltar. ~ Por eso me compadezco de que salga contigo. ~ Frank se quitó la camiseta y se la tiró a la cara. ~ ¡Puags! ¿A qué huele?
~ A quemado. Vuestro hermano por poco no quema la casa. Calentó una camiseta en el microondas para no usar la secadora…
~ ¡Dios! ¿Cómo está Mikey? ~ Pregunté preocupada.
~ Bien, él bien… En la ducha, supongo. ~ Frank tomó una camiseta limpia del armario.
~ ¿Y cómo ha quedado la cocina? ~ Preguntó Gerard.
~ Entre Ray, Bob y tu novia intentan limpiar el estropicio. ~ Dijo ya con la camiseta puesta.
~ Creo que voy a irles a ayudar. ~ Dijo dándome un beso en la mejilla y saliendo del cuarto.
~ Emily. ~ Me lo quedé mirando esperando algo más. ~ ¿Estás bien? ~ Asentí. ~ ¿Seguro? ~ Se acercó a mí y puso sus manos en mis caderas.
~ Sí. ~ Pasé la mano por su pelo, era tan suave.
~ Esta noche te he oído levantar y en la ducha te has estado un buen rato y… Tengo la sensación de que me evitas.
~ Frank, estoy bien. De verdad.
~ ¿Seguro? ¿No me evitas? ¿No te pasas demasiado rato fuera? ¿En el gimnasio? ~ Me mordí el labio, eso era cierto. Me pasaba mucho más rato en el gimnasio, me pasaba más horas fuera de casa, evitándole un poco.
~ Yo…
~ ¿Hay alguien más? ~ Negué efusivamente. Puse las manos en sus mejillas.
~ ¿Cómo quieres que haya alguien más? ~ Sonreí y le miré a los ojos. ~ Sólo estamos tú y yo. ~ Le besé tiernamente en los labios. ~ Te quiero Frank Anthony Iero. ~ Sonrió estúpidamente.
~ Yo también a ti, Emily Lauren Way. ~ Sonrió y me abrazó. ~ Pero me tienes preocupado.
~ Lo sé. Pero no te preocupes. Todo está bien. ~ Al ver la hora me separé algo bruscamente de Frank. ~ ¡Mierda! Llego tarde. ~ Sin dar ningún tipo de explicación le di un beso a Frank cogí mi bolso y me fui corriendo.
Al estar ya sentada en el taxi me percaté de que seguramente Frank no se habría llevado una buena impresión de mi comportamiento al dejarle ahí de pie, en nuestro cuarto, sin ningún tipo de explicación. Busqué por el bolso mi móvil, pero no estaba. Seguramente, y siendo como soy, el aparato habría quedado olvidado en la mesa de la cocina o del comedor o tirado en algún rincón del estudio de música de los chicos. En vista de que me había dejado el teléfono revisé si lo tenía todo: el monedero, los papeles del médico al que ahora me dirigía, el resguardo de los resultados de mi análisis, las llaves… ¿las llaves? Ups… Tampoco estaban.
~ Señorita, hemos llegado. ~ Me acerqué para pagarle el viaje y salí del auto. Me giré y vi el gran edificio blanco. Me adentré en él y me fui al tercer piso.
Al estar sentada ahí vi a una chica de unos trece años. La observé durante un rato, iba acompañada de su madre. La chica (sin exagerar mucho) llevaba dos jerséis: uno de cuello alto y otro de cuello abarca, un pantalón que le venia enorme y, aun así se la veía muerta de frío. Seguramente ese era el aspecto que yo misma tuve hará ya cuatro años. Su cara estaba marcada por los huesos de los pómulos y se le marcaba la barbilla. Sin evitarlo me vi sentada ahí junto a Donna y Donald. Dios… ¡Ojala me hubieran advertido de lo que sentía la gente al verme de ese modo! (aunque estoy segura de que lo habían hecho, pero no les habría escuchado).
~ ¿Emily Way? ~ La cabeza rubia de la enfermera me intentaba localizar. Alcé la vista de esa chica y la mire: Alice. Sonreímos al vernos. ~ ¿Qué tal todo? Se te ve bien, ¿no? ~ Al pasar dentro de la consulta vi al doctor Watson escribir algo en su ordenador.
~ Sí. Estoy bien.
~ ¿Y a qué debo la visita? ~ El hombre de pelo castaño me miró apartando ya el ordenador de su campo de visión.
~ Hola David. ~ Sonrió y me mostró el asiento. Me senté. ~ Llevo unos días en los que parece que he vuelto a tener 16 años…
~ ¿A qué te refieres? ~ Preguntó sentándose hacia delante y cruzando las manos encima de la mesa que nos separaba.
~ No lo sé… Evito a mis hermanos y amigos aunque se que en las comidas tengo que estar con ellos, me estoy más tiempo en el gimnasio, me pesaría cada dos minutos si tuviera una bascula cerca…
~ Está bien. Vamos a ver… Te haré unos análisis y…
~ Me he adelantado. ~ Sonreí de lado. ~ Le pedí a mi médico de cabecera el otro día. ~ Le entregué el resguardo a Alice y ella salió en su busca.
~ Chica aplicada. ~ Sonrió ampliamente.
~ David, no quiero volver a esa edad.
~ Lo sé. Eres una de mis mejores pacientes. ~ Miró el ordenador y luego volvió a mirarme. ~ Vamos a mirar un par de cosas, mientras esperamos a Alice. ~ Asentí.
Me midió la muñeca y me hizo subir a una especie de escalón (una balanza encubierta).
~ Doctor, aquí están. ~ David cogió los resultados que Alice le tendía. Se los miró y sin poderlo evitar me puse más nerviosa de lo que acostumbraba, sobretodo porque en mitad de su lectura me miró y sonrió y volvió a leerlo.
~ ¿Que…?
~ Sino recuerdo mal, me dijiste que tenias novio, ¿cierto? ~ Tengo que admitir que esa pregunta me descolocó. No sabía a qué venia, ni qué sentido tenía que me la realizara ahora.
~ S-Sí, Frank, ¿Por qué?
~ ¿Es una relación estable? ~ Asentí. ~ Por mera curiosidad, ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?
~ Tres años…. ¿A qué viene esto? ¿Por qué me preguntas por Frank? ~ Sonrió y me acercó los resultados que acababa de leer. Los miré sin entender nada.
~ Creo que me alegro de saber que seré el primero en decirte esto… ~ Tomando el escrito en mis manos y sin saber a qué se refería, volví a mirarle a los ojos. ~ Felicidades, vas a ser mama. ~ El silencio inundó la habitación durante un buen rato. Y de repente en mi cabeza apareció la imagen de Frank. ¿Cómo se suponía que iba a ser madre? OH, si, claro… todo ese rollo del sexo, pero… ¿YO MADRE? ¿Madre de quién?
~ ¿Emily? ~ La voz de Alice me hizo volver al consultorio. La miré, creo que con pánico en los ojos. ~ ¿Emily, estás bien? ~ Tragué saliva y asentí.
~ ¿Necesitas algo? ~ Negué. ~ ¿Estás segura? ~ Miré de nuevo a David, a los resultados del análisis, a Alice, a los resultados del análisis y luego, otra vez, a David.
~ ¿Un médico que sepa de embarazos? ~ Sonrió y asintió.
~ Voy a hablar con un compañero… Al haber padecido anorexia vamos a tener que vigilarte más de lo normal. Acostumbran a ser embarazos complicados. ~ Asentí.

Después de hablar durante un rato más en la consulta de qué haría durante las próximas semanas para ver a mi médico nuevo, salí del edificio blanco y me di cuenta de una cosa: iba a ser madre, pero… ¿Cómo se lo diría a Frank? ¿Cómo le diría que él seria padre? ¿Y a Gerard y Mikey? ¿Y a mis padres?… Mierda…. Eso iba a ser complicado. Respiré hondo y me vino olor a frambuesa: y eso despertó apetito en mí, así que seguí el olor hasta una tienda de batidos y helados. Me pedí un batido de frambuesa y llamé a un taxi.
Al llegar a casa, fue Amber, la novia de Gerard, quien me abrió. Saludé y le pregunté por Frank. Me dijo que los chicos habían salido, así que me fui a mi habitación. Tenía que terminar unos trabajos para la universidad.
En algún momento me quedé dormida encima de todos los papeles, pero me desperté al oír la puerta abriéndose. Miré las hojas dobladas encima de la mesa y me maldije.
~ Hola. ~ Frank en vez de acercarse a mí y darme un beso por haber llegado, alcanzó su pijama y se fue directo hacia la ducha. Eso me desconcertó. Salí de la habitación con intención de hablar con él, pero la puerta del baño se cerró en mis narices.
~ ¿Qué sucede? ~ Mikey estaba al final del pasillo y lo vio todo. Alcé los hombros.
~ No lo sé. ~ Me volví a la habitación y me senté a los pies de la cama al estilo indio, pensando qué le pasaba a Frank y cómo, después de eso, podría decirle lo que el doctor Watson me había dicho.
Diez minutos más tarde la puerta de la habitación se abrió y vi a Frank entrar con el pelo mojado. Me miró y luego se fue directo al ordenador.
~ Frank. ~ Le llamé, pero no me hizo caso. Se sentó delante del aparato. ~ Frank, ¿Qué pasa? ~ Dije levantándome de la cama y acercándome a él.
~ No lo sé. ~ Dijo volteando la silla y enfrentándome. Estaba cabreado, pero… ¿Por qué?
~ ¿Qué no sabes?
~ Lo que te pasa. No entiendo qué coño te pasa Emily. ~ Estaba muy enfadado. Me quedé parada en medio de la habitación. ~ Esta tarde antes de que te fueras te pregunté qué te pasaba y me dijiste que nada pero luego pillas y te vas de aquí sin decir nada más que “llego tarde”…
~ Frank…
~ ¿Frank, qué? Te pregunto si hay alguien más y dices que no, pero… No sé si creerte… ~ Había dejado de sonar cabreado, para sonar abatido. ~ Estas evitándome, pasas menos tiempo conmigo y creo que no quieres ni que te toque…
~ Frank eso no es cierto.
~ ¿No? ~ Negué. ~ Entonces, dime ¿Cuándo fue la última vez que nos acostamos? ¿Que tuvimos sexo?
~ Y-yo… ~ Frank se levantó de la silla y se dirigió hacia la puerta.
~ Creo que hoy dormiré en el sofá… ~ Me quedé allí, parada sin poder detenerle. Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin que pudiera pararlas. Mis rodillas fallaron y me quedé arrodillada en el suelo. Me senté y seguí llorando.
~ ¿Emily? ~ Oí la puerta entreabriéndose, pero no quise buscarle la mirada a mi hermano. ~ ¡Emily! ~ Mikey se acercó a mí y se sentó a mi lado y me abrazó. ~ ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ~ Me aferré a el y puse mi cara en su pecho. Me abrazó más fuerte y puso su cabeza encima de la mía. Lloré, lloré a más no poder… Lloré hasta que mis lágrimas se secaron.
Mikey siguió allí, abrazándome con fuerza, haciéndome notar que él no se iría al sofá, que él no me dejaría.
Al rato de haber parado de llorar me aparté un poco de él.
~ La he fastidiado, Mikes, ~ Hablaba con un nudo en la garganta.
~ ¿Por qué? ~ Me miré las manos y dejé de hablarle. ~ ¿Emily?
~ Frank cree que ya no le quiero…
~ No seas tonta, ¿Cómo va a creer Frank eso? ~ Apreté los labios para no volver a llorar, pero no puede evitarlo, por lo visto aun quedaban lágrimas en mí. ~ Emily… ~ Me volvió a abrazar.
~ Le quiero, de verdad… Le quiero mucho…
~ Lo sé, Emily, lo sé.

Mikey se quedó conmigo durante un buen rato hasta que llego la hora de la cena. Gerard entró en la habitación y se sentó a nuestro lado. Les dije que no bajaría a cenar y Mikey bajó a por al comida y cenamos en la habitación. Cuando terminamos Gerard me tendió el postre.
~ ¿Chocolate? ¿Chocolate blanco? ~ Gee sonrió.
~ ¿Te crees que no me he dado cuenta de como han bajado las reservas de chocolate? ~ Sonreí. ~ Has sido tu ¿Cierto? ~ asentí.
~ Antojos. ~ Dije sin más. Alcancé la tableta y le pegué un mordisco. Al terminarla, Gerard y Mikey me miraban sonriendo.
~ ¿Cuánto hace que no te veíamos comer de esa manera? ~ Alcé los hombros y todos sonreímos.
~ ¿Emily, qué hace Frank en el sofá? ~ Preguntó de repente Gerard algo serio.
~ …
~ ¿Qué a pasado? ~ Volví a quedarme callada y recordé las palabras de David “Felicidades, vas a ser mama”… Y me percaté de que no era con mis hermanos con los que debía hablar, no era con ellos con los que debía enfrentarme a ese nuevo aspecto de mi vida,… era con el chico al que quería y que había decidido mudarse al sofá.

~ C-Creo que te debo una explicación. ~ Me planté delante del televisor tapándole la visión. Frank se incorporó y se sentó en el sofá deshaciéndose de la manta que le cubría.
~ No me dejas ver. ~ Dijo ignorando lo que acababa de decirle.
~ Frank… ~ El televisor prendido era lo único que iluminaba la sala.
~ No hay nada que decir, Emily. Tuviste tu oportunidad antes y te quedaste muda en la habitación y, ni siquiera bajaste a cenar… Con eso tuve más que suficiente.
~ Frank…
~ No hay Frank’s que valgan… ~ Respiré hondo y me apoyé en el mueble de detrás mío. Observé como la luz del televisor le iluminaba y recordé como de vez en cuando nos quedábamos sentados en ese sofá viendo alguna chorrada en la tele y nos besábamos diciéndonos que nos queríamos y eso me dio ánimos para continuar.
~ Esta mañana me has preguntado si había alguien más…
~ ¡Emily he dicho que no quiero hablar, no quiero más explicaciones! ~ Se había levantado para irse, seguramente a la cocina. Pero ignoré lo que me dijo y seguí hablando.
~ Pues me equivoqué al responderte que no. ~ Frank se quedó paralizado y se volteó hacia mí. ~ Frank, sí que hay alguien más…
~ Pues si lo hay, vete con él. Pilla las cosas y lárgate. No quiero continuar hablando de esto. ~ Frank salió disparado hacia la cocina y le seguí. Al llegar a ella, estaba apoyado en el mármol cabizbajo…
~ No lo has entendido. ~ Me miró fijamente y vi como las lágrimas cubrían su rostro. Eran lágrimas que mezclaban rabia y dolor.
~ Sí lo he entendido. Lo he entendido perfectamente: hay otro tío. Hay otro tío y lo nuestro ha terminado. ~ Golpeó el mármol y eso me hizo temblar. Definitivamente las cosas no iban como yo quería.
~ No hay otro tío… ~ Frank dejó de mirarme al acabar su frase. Seguíamos separados por el mármol. Acerqué mi mano a la de él, pero la apartó. Eso me dolió, pero tenía que explicarle. ~ Cuando he dicho que había alguien más no me refería a alguien que se interpusiera entre nosotros… Sino a alguien que va hacer que dejemos de ser solo dos. ~ Me detuve. Él seguía allí, sin mirarme. Di la vuelta al mármol y me acerqué a él. ~ Frank, estoy embarazada…

One Response

  1. Xavi

    Jo, quan ha dit “no hay otro día…” he pensat que un “hay otra chica” hagués estat la hostia… jajaja! =)

    Fora conyes, desconec si realment volien o no un fill/a, suposo que no, però en tot cas, això és un canvi radical a les seves vides. En part, entenc el Frank que sospitès, doncs si algú intenta evitar-te sense donar explicacions és normal que mal pensis; tots sóm humans!

    PD: chocolate blanco…. aaahhhh (cara de Homer babeando xD)

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